jueves, 12 de abril de 2018

Esclavitud en línea

Aún me gustaba mandarle mensajes, desear que su día fuera genial e incluso anhelar que sus sueños fueran maravillosos. Sin embargo, sentía el temor de hartar con mis mensajes su paciencia.

Me hubiera gustado poder dejar de mirar la pantalla, entrar al mensajero sin tener que estar pendiente, esclavizado a su "en línea" sin que viera mi mensaje o simplemente sin que me escribiera.

¿Cuánto tiempo es suficiente esperar viendo aquellas palabras que pareciera que nos encadenan la mirada? A mí la verdad lo que menos me importaba era el tiempo, para mí lo más importante era que aquellas palabras se transformaran en un "escribiendo... ", esperaba aunque pasaba con muy poca frecuencia.

A veces decidía empacar mi dignidad y abrir otra aplicación, pero siempre con la esperanza de que en el lapso en el que yo estuviera en la otra aplicación, por fin me llegaría el tan esperado mensaje.

La realidad era que en aquella ilusión siempre guardaba la opción de escribirle otra vez, aunque sea un emoticon: unos ojitos, con la esperanza de intentar ver lo que hace; una sonrisa, pues nadie se abstiene de no responder a una; el personaje con la mano levantada, para llamar su atención o un ramo de flores tirando de nuevo la dignidad.

Me gustaría tener la fórmula y explicarles los pasos para que alguien te conteste, pero la realidad es que cuando alguien te quiere contestar simplemente lo hace, aunque sea por respeto y si en verdad se le olvida o simplemente no pudo contestar el  mensaje de respuesta siempre empieza con una disculpa.

Así que por lo pronto yo investigaré cómo se abolió la esclavitud, para poder liberarme de la mía (esa a la que sólo entró a tu chat para saber si de casualidad andas por ahí), dicen que el conocimiento te hace libre, así que debo de investigar más a cerca de esa referencia; porque ¿si se ha acabado la esclavitud, no?

viernes, 6 de abril de 2018

Crisis de amor

Ahí estaba imaginando mil y un cosas, intentando encontrar el por qué me mentías. ¿Por qué lo hacías? ¿Por qué mentimos, por qué nos cuesta trabajo ser honestos? 

Realmente estaba queriendo darme por vencido, pero siempre que digo hasta aquí hay algo dentro que me dice que luche. Me dolía ver más con quien estabas, lo guapa que te veías y por supuesto el mirar como es que empezabas a vivir una vida que tal vez yo te robé. 

Decidí no decir nada, ni siquiera tenía derecho a reprocharte. A estas alturas yo ya no era nadie y con esto me demostrabas lo poco o lo nada que te importaba. 

Sin embargo se acercaba tu cumpleaños y una semana en la que tal vez podríamos pasar tiempo juntos. Así que después de darle más vueltas a la cabeza me propuse que esta semana, que tu cumpleaños la pasáramos bien. 

Así fue, compartimos mucho tiempo juntos, me agradaba regresar de trabajar porque sabía que volvería a pasar tiempo como antes. Y tú estabas feliz, al menos así lo sentía y así lo siento cuando estás cerca de mí. 

No todo fue amor, hubo actitudes y más de mi parte que mancharon esos buenos momentos, mi mal carácter salía a la luz. Y yo no intentaba enamorarme más. Sabía que con este tiempo no te haría regresar. 

Llegó tu cumpleaños y al parecer no salió tan mal, mi propósito estaba cumplido, había logrado que pasaras un lindo cumpleaños. Pero también eso significaba que llegábamos casi al final de los días que pasaríamos juntos. 

El último día estabas ahí, yo estaba ahí; enamorados, contemplándonos, mirándonos a los ojos, parecía un buen momento, parecía perfecto. Pero nada en nuestros años de relación había sido así. Hoy recuerdo todas las cosas que pasamos, los ratos amargos por los que debimos de haber terminado la relación desde mucho antes y no fue así, seguimos; porque nos amábamos. 

Tu siempre estuviste más segura que yo, tú siempre diste más que yo, el miedo a que algún día terminara llevó a que así sucediera. El día en que terminamos ya se había convertido en meses. Y pese a eso nos encontrábamos una vez más de frente.

- ¿Por qué? ¿Por qué no me detuviste?- me dijiste. 
- ¿Por qué te fuiste?- respondí.

Era el dilema que nos mantenía separados. A pesar de que nos volvíamos a mirar sinceramente con amor, seguías sin querer volver.


martes, 15 de agosto de 2017

Ser un sueño

Si existiera en tus sueños,
con plena conciencia me acercaría
tanto a ti que no sabrías que hacer conmigo.

Si existiera en tus besos
mordería tus labios para que pudieras sentir mis deseos.

Si existiera en tu cama,
no te dejaría dormir y si así lo hiciera
te despertaría con tantos besos
como fueran necesarios.

Pero si existiera en tu vida
la alegraría con detalles
todos los días.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Escuché las gotas cayendo sobre el vidrio de mi ventana.

He deseado tantas veces que estés aquí, dentro d esta casa vacía. Nada parece igual desde tu partida. Me abandonaste si previo aviso, ni siquiera hiciste maletas. No te llevaste nada, fue cómo si no hubieras querido despedirte.

Los recuerdos me atan a una vida pasada. Las pesadillas cortan mis sueños y me hacen pensar todo aquello que ya no pude hacer contigo. Las mañanas parecen sin sentido, ya no tienen importancia al ya no escuchar tus: buenos días amor; el desayuno sabe insípido y el jugo cada vez más amargo, como si las naranjas que le exprimiera estuvieran inmaduras por falta de vida. Los hot cakes ya no son dulces sino empalagosos, nada me parece bien, ni siquiera el café que tanto disfrutábamos juntos. Ahora tomo el café soluble, sí, no tiene sentido eso; yo que tanto renegué, y decía que sólo era colorante y no sabían a nada, pero qué caso tiene tomar café de grano si no lo terminaré saboreando en tu boca.
Me hubiera gustado un adiós o quizá un me voy porque ya no te quiero. Esta necedad mía de creer, que nos acabaría aferrando, manteniéndonos a base de chantajes. Quizá si nos hubiéramos separado nada de esto habría ocurrido. Tú aún me hablarías cada que por el mercado nos encontráramos por casualidad. Con eso de que no sé que los martes te gusta hacer pescado o comer algún marisco, me daría algunas vueltas por aquel puesto que tanto odiaba visitar. 

Tal vez de habernos separado antes, nos habríamos extrañado de tal manera que nos hubiéramos dado cuenta que no podíamos vivir uno sin el otro. Al final nos habríamos quedado de ver en algún café para volver a platicar de cualquier otra cosa y terminar hablando de cuanto nos extrañábamos, para dar paso a jugar con la mirada, las manos, ese roce de mejilla o acariciar tu cabello y salir huyendo de aquel lugar. Y dar paso a otro lugar más intimo, para que nuestros cuerpos se reencontraran e hiciéramos el amor tan emotivamente que no pudiéramos olvidar detalle alguno. 
Puede ser que si nos hubiéramos dado un tiempo tú aún estuvieras aquí, a mi lado. Porque ahora que escuche las gotas cayendo sobre el vidrio de mi ventana, recordé aquella tarde gris y lluviosa, en la que partiste; era una pelea más, discutíamos como cualquier pareja, empezamos discutiendo porque no te ayudaba en la tarea del hogar, y yo reclamaba que no tenías tiempo para nosotros. Esta vez las cosas se salieron de control; los ánimos se calentaron, nos  ofendimos y te herí de tal manera como solo puede hacerlo alguien quien te conoce bien, a quien le has contado tus secretos, temores, sueños. Yo agarre todo eso y lo estremecí en tu contra. Tal fue el dolor que cause que salieras hecha un mar de lágrimas, llovía afuera pero llovía más en  tus ojos. Tanta agua amarga acumulada en tu alma salió por aquellas nubes que tanto había admirado, que tanto tiempo había contemplado. Sabía que me había propasado, esta vez no medí mis comentarios.
Quise detenerte pronunciando tu nombre, pero lo hice en voz muy baja, mientras te veía cruzar la puerta llevándote el perdón contigo. Te observe por la ventana, abatida, con tu andar perdido, desganado.

No tardo mucho tiempo en llegarme noticias de ti; una hora con veintitrés minutos después de la última vez que te vi. Mientras pensaba en el error que había cometido (era un gran defecto; no acostumbraba decir groserías pero a cambio aprendí a decir las verdades más hirientes) en lo mal que había hecho y en cómo iba a reparar el daño. Sonó el teléfono, con incredulidad me obligué a pensar que eras tú, preguntaron si te conocía y al afirmar me dieron la noticia de tu accidente. Si existe alguna venganza de la vida, ésta, sin duda era una de ellas. Me informaron en que hospital estabas, era el más cercano. Mi mundo se vino abajo, “accidente automovilístico” las palabras retumbaron dentro de mi cabeza. Mientras salía para allá no dejaba de pensar en alguna explicación, lo único claro que encontraba  es que tú querías ir lejos.

Llegué al hospital y ahí me fui enterando de la versión de lo que había ocurrido; habías subido a un taxi no muy lejos del hospital un camión se había quedado sin frenos. El conductor había tratado de frenar por el  alto y el taxi estaba esperando que se pusiera el siga, se dio cuenta que no frenaba y entro en desesperación, al ponerse el siga un auto se adelanto, el conductor del camión dio vuelta rápido al volante para esquivarlo y se volcó; cayó justo encima del taxi, el conductor murió al instante, a ti pudieron sacarte con vida.
Mientras te operaban en terapia intensiva, yo esperaba en aquella sala ahora lo único que veía en mi mente era cada uno de los momentos felices que habíamos compartido. Anhelaba con todas mis fuerzas darte un beso, pedirte perdón.

Ese día mis plegarías no fueron escuchadas. El doctor sólo pudo decir: hicimos lo que pudimos, lo siento. Aún siento la culpa de tu  muerte. Sueño despierto en que tu estas aquí y cuando duermo tengo pesadillas; sueño que discutimos, sales por la puerta y, por más que quiero gritar y correr para que no te vayas siempre atraviesas esa puerta sin mirar atrás. 

viernes, 6 de marzo de 2015

Relato de un atardecer.

Este atardecer me recuerda a ti, 
a ese tercer piso desde donde veíamos tardes como ésta, 
en donde fijábamos la vista al horizonte 
y guardábamos ese momento para siempre. 
Me recuerda a tus abrazos, 
a la sensación que daba el sentir que te protegía, 
me recuerda a tu cabello, a tus mechones naturales, 
a veces me gusta imaginar aquellos momentos en que las preocupaciones desaparecían, 

y en las que solo podía sentir tu mano. 
Éramos la fotografía perfecta, el paisaje anhelado y una pareja de enamorados.

viernes, 24 de febrero de 2012

Pidiendo Al Recuerdo Acariciar Tu Imagen.

Pensando en ti estoy, y es que no hay ni un día que pase sin que pueda dejar de hacerlo, mi mente sólo sabe recordar tu sonrisa, mis pies sólo saben llevarme hasta tu fotografía, mis ojos solo ven tu rostro.
Ahora mi mente vaga hasta aquel momento, en aquel lugar, donde fue el espacio para poder conocerte un poco más de cerca, lleno de mesas, sillas y una que otra persona, el ambiente cálido, pero el clima poco frío, aquella tarde en la que quedo plasmada nuestras sonrisas.
Olvidarte es difícil, y cómo no iba a serlo con tu gran personalidad, esa personalidad inquebrantable, ese porte de mujer tan marcado, bella, elegante, interesante, sensual, enérgica, y radiante.
La culpable de celos amorosos, celos sin fundamentos, por que a pesar de mi gran admiración, contemplación, y enamoramiento jamás pasamos al nivel de compañeros románticos, sólo quedo en eso, simple coqueteo con el acercamiento sentimental.
Aprendiendo a vivir con el remordimiento, este sentir en el que no me deja tranquilo, quizá fue sólo mi imaginación, pero estuve tan cerca de besarte, es terrible arrepentirte de algo que no hiciste y tal vez jamás podrás hacer. Cuando un momento pasa nunca regresa.
Hay veces que pienso en que fue demasiada mi imaginación la cual cree que te interesaba, me deja intranquilo, pensativo.
En ninguna ocasión pregunte sobre tu situación sentimental, en ninguna ocasión me preguntaste eso, aun así siento como si te hubiera traicionado, decepcionado, quizá estaba más cerca de lo que creía.
No sé que es más difícil; superar una relación que termino o superar una relación que nunca comenzó.
He decidido no perderte quiero tenerte lo más cerca posible, eres parte de mi vida, eres de esas personas importantes que dejan marcada tu vida. Eres más importante de lo que tal vez te puedas imaginar.

martes, 2 de noviembre de 2010

?????

¿Hasta que momento es bueno forzar algo que no quiere ser trasmitido? Algo tan interno que no quiere salir, algo que por miedo a la luz se aferra a su soledad… Los sentimientos pueden ser, retenidos también, pero son como aves atrapadas en cristales que quieren salir, sin saber que hay algo, que no las deja escapar. Reprimir puede afectar cosas tan buenas, que no podemos darnos cuenta del daño, hasta que ya se han roto en pequeños cristales esparcidos por todo el espacio de nuestro ser. Las batallas libradas por esos prejuicios y pensamientos hacen más difícil la comunicación… dejar que llegue el mensaje es hacer un cambio en muchas formas; sentimental emocional, de actitud. Juzgar antes de conocer el motivo es poco tolerable, saber que conoces la verdad y sin embargo decides callar, ¿y callar es dar un voto de confianza? o ¿es simplemente tener miedo a lo que pueda pasar? Las trampas, los malos entendidos, el rencor, la envidia, la mala forma de llevar las cosas, los silencios, las grietas de confusión, el baúl de las tristezas, el sótano de las dudas, todo encamina a la perdición entre las sombras de lo que sería la tranquilidad.