Ahí estaba imaginando mil y un cosas, intentando encontrar el por qué me mentías. ¿Por qué lo hacías? ¿Por qué mentimos, por qué nos cuesta trabajo ser honestos?
Realmente estaba queriendo darme por vencido, pero siempre que digo hasta aquí hay algo dentro que me dice que luche. Me dolía ver más con quien estabas, lo guapa que te veías y por supuesto el mirar como es que empezabas a vivir una vida que tal vez yo te robé.
Decidí no decir nada, ni siquiera tenía derecho a reprocharte. A estas alturas yo ya no era nadie y con esto me demostrabas lo poco o lo nada que te importaba.
Sin embargo se acercaba tu cumpleaños y una semana en la que tal vez podríamos pasar tiempo juntos. Así que después de darle más vueltas a la cabeza me propuse que esta semana, que tu cumpleaños la pasáramos bien.
Así fue, compartimos mucho tiempo juntos, me agradaba regresar de trabajar porque sabía que volvería a pasar tiempo como antes. Y tú estabas feliz, al menos así lo sentía y así lo siento cuando estás cerca de mí.
No todo fue amor, hubo actitudes y más de mi parte que mancharon esos buenos momentos, mi mal carácter salía a la luz. Y yo no intentaba enamorarme más. Sabía que con este tiempo no te haría regresar.
Llegó tu cumpleaños y al parecer no salió tan mal, mi propósito estaba cumplido, había logrado que pasaras un lindo cumpleaños. Pero también eso significaba que llegábamos casi al final de los días que pasaríamos juntos.
El último día estabas ahí, yo estaba ahí; enamorados, contemplándonos, mirándonos a los ojos, parecía un buen momento, parecía perfecto. Pero nada en nuestros años de relación había sido así. Hoy recuerdo todas las cosas que pasamos, los ratos amargos por los que debimos de haber terminado la relación desde mucho antes y no fue así, seguimos; porque nos amábamos.
Tu siempre estuviste más segura que yo, tú siempre diste más que yo, el miedo a que algún día terminara llevó a que así sucediera. El día en que terminamos ya se había convertido en meses. Y pese a eso nos encontrábamos una vez más de frente.
- ¿Por qué? ¿Por qué no me detuviste?- me dijiste.
- ¿Por qué te fuiste?- respondí.
Era el dilema que nos mantenía separados. A pesar de que nos volvíamos a mirar sinceramente con amor, seguías sin querer volver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario