Y cuando las palabras se esconden...
es por el miedo a ser pronunciadas.
Es tal su poder, que pueden cambiar el
rumbo de una infinidad de cosas;
la conexión entre las palabras y los receptores,
hace que exista un sentimiento que las hace sentir mal,
con timidez por ser recibidas;
pues no quieren causar el impacto de dañar y cambiar una
vida, una historia, relación, o trayectoria para mal.
Es tanto el miedo que en un rincón de nuestro interior, se esconden
y se agarran de tal manera, que tienen la genialidad de salir y darse a entender
con un gesto, una mirada o movimiento de alguna parte del cuerpo.
Son tan maravillosas que pueden sacrificarse para no ser conocidas
como palabras, y transformarse...
a una mirada.